-¿Patriarca? Hace años que nadie manda en estas tierras- Contesto autoritario el extraño foráneo.
-¿Entonces a que has venido sino es para trabajar para él? ¿Eres un bandido?- Interrogaba el viejo.
-¿Y se puede saber quien coño eres tú?- Siguió el foráneo fulminando con la mirada al viejo que no pudo hacer más que retroceder de puro miedo, al ver la situación un joven campesino interrumpió poniéndose entre ambos y dirigiéndose al extranjero se disculpo y dijo:
-Perdónale señor el no es más que un hombre que se preocupa por nosotros, tiene que saber que en estas tierras el patriarca tiene contratados a todos los soldados de esta zona para su protección personal lo que nos deja al pueblo indefenso de los continuos ataques, él… él no es más que un cobarde que se esconde en su fortaleza en la ciudad rodeado de hombres. Este viejo es como el alcalde de estos asentamientos y solo quería evitar que se le unan más, discúlpalo eres libre de hacer lo que te plazca- Expuso educadamente el joven.
-Me interesan un mierda vuestras historias solo he venido aquí en busca de comida y luego seguiré con mi viaje- Finalizo el extranjero mientras seguía su camino.
-¡¡¡Mer… mercenarios…!!! Nos han atacado un grupo de mercenarios, llegaron en barco desde el este, muchos hemos intentado huir pero son muchos y no tardaran en venir hacia aquí, a sido… es horrible- Explico exhausto el pobre hombre con el rostro totalmente desencajado.
Al oír esto Ken se incorporo, cargo la bolsa a su espalda y empezó a caminar dirección norte con una sonrisa en su rostro, al verlo el viejo trato de detenerlo en vano ya que ni siquiera le presto atención. Al cabo de varias horas de caminata Ken avisto lo poco que quedaba de asentamiento aun se veían grandes fuegos en varios puntos que daban un color extraño al atardecer.
Al acercarse al asentamiento Ken empezó a ver cuerpos de campesinos asesinados por el suelo, al llegar le extrañaba la calma que se respiraba, se preguntaba si los mercenarios ya habían partido, de repente un grito resonó fuertemente por el lugar.
-¡¡¡Aaaah!!!- Sonó como el último chillido de alguien, seguido de: -Cogedle joder solo es un niño-
Ken se acerco a ver lo que sucedía y se encontró con una escena dantesca, era una calle estrecha llena de cuerpos mutilados de mercenarios y al final de la calle un grupo de quince mercenarios acorralando a alguien, al fijarse vio a un niño de no más de cuatro años que enfundaba una vieja katana, tanto el niño como la katana estaban impregnados de sangre, al percibirlo los mercenarios se giraron y uno le pregunto:
-¿Quién eres tú? ¿Acaso quieres morir?-
-¿Morir? Y me lo dicen los que están sufriendo con un niño jajaja- Se burlaba Ken.
-¡Niño! ¿Por qué quieres vivir? Me lo dirías- Pregunto Ken.
El niño levanto la mirada hacia Ken y entre suspiros empezó ha hablar:
-¿Vivir? Te equivocas lo que yo quiero es sobrevivir- Soltó finalmente decidido el niño.
-Jajaja. Es la mejor respuesta que escuchado en mi vida, a lo mejor lo consigues quien sabe- Siguió Ken mientras los mercenarios confusos no sabían como reaccionar hasta que uno no aguanto más y reventó de rabia saliendo corriendo hacia Ken agitando en alto su espada.
En un cerrar de ojos y sin aparentemente movimiento alguno por parte de Ken el mercenario estaba cayendo al suelo abatido, el niño aprovechando la confusión ataco rápidamente consiguiendo herir a dos mercenarios y salir del lugar en el que estaba acorralado, Ken en ese instante se lanzo a tal velocidad hacia el grupo de mercenarios que ninguno tuvo tiempo a reaccionar y casi sin darse cuenta cada uno de ellos caía muerto al suelo, al acabar Ken limpio su katana y miro directamente a los ojos del niño.
-¿Cómo te llamas? ¿Están vivos tus padres?- Pregunto Ken.
-No tengo ni nombre ni padres- Contesto el niño sin apartar la miraba.
-¿Quieres acompañarme? No te garantizo que disfrutes ni que sobrevivas pero tienes talento quien sabe- Continuo Ken mientras envainaba su katana y se acercaba al niño.
-¿Yo? Pues… si claro- Contesto rápidamente después de pensárselo minimamente.
-Bueno lo primero será lavarte un poco y cambiarte la ropa, avísame cuando estés listo y partiremos-
Siguió Ken mientras llevaba al niño cerca de un fuego ya que la noche se acercaba y la brisa marina empezaba a refrescar el ambiente.
Al cabo de un rato cuando ya lo tenían todo preparado Ken cogió la katana del niño y mientras la observaba le dijo:
-Tienes que aprender a cortar no a golpear, pero tranquilo ya lo aprenderás, antes de nada te pondré un nombre, ¿Ummm?… a partir de hoy te llamaras Ryosi, ¿Te parece bien?- Pregunto Ken.
-¿Ryosi? Me gusta- Contesto con una tímida sonrisa en el rostro.
Hecho todo partieron dirección sur hacia Periu, el pueblo más al sur de Callfarmy que era el destino de Ken, era su viaje de graduación en el doyo, tenia que recorrer todo el país desde el norte hasta el sur sobreviviendo por sus propios medios y luego volver al doyo donde se convertiría en maestro del arte de la lucha, Ken pertenecía al Doyo Nokowiri de la isla de Elvia uno de los grandes doyos del Sekaikuso.
El viaje les llevo cerca de un año el completarlo, un viaje lleno de aventuras, enfrentamientos peleas y disputas acompañadas de las primeras lecciones que recibía el joven Ryosi en su vida, pese que la mayoría de veces no eran más que broncas Ryosi disfrutaba de estas experiencias ya que era la primera vez que alguien le prestaba atención incluso cuando la mayoría de las noches no podía dormir por el dolor producido por las heridas de sus entrenamientos. Cuando llegaron por fin al doyo Ryosi tenía cinco años sin embargo sus conocimientos y habilidades eran muy avanzadas por lo que rápidamente llamo la atención en el doyo, aunque lo que realmente extraño al resto de integrantes del doyo era la idea de que su compañero Ken que siempre se había mostrado reservado y que normalmente no perdía tiempo con nadie había llevado a cuestas casi un año a este niño, se preguntaban si eran indicios de humanidad en Ken o había alguna extraña razón.
Los años fueron pasando con una mínima tranquilidad y Ryosi fue mejorando sus habilidades, en el doyo conoció a mucha gente y por primare vez en su vida tuvo amigos, uno de ellos era Kurosaki un chico dos años mayor que el, no tardaron en intimar convirtiéndose en grandes amigos y siempre acompañados por Chisama la hermana pequeña de Kurosaki que era un año menor que Ryosi. Los duelos entre Kurosaki y Ryosi eran frecuentes y pese a que Ryosi era muy hábil no tenia la más mínima posibilidad ante Kurosaki que siempre se imponía lo que provocaba que ambos se entrenasen duramente mejorando progresivamente de manera tan rápida que cuando solo tenían 10 y 8 años superaban a miembros más adultos y experimentados del doyo.
Por su parte Ken asumió un papel más importante dentro del doyo encargándose principalmente de la seguridad del recinto, aunque su tiempo libre lo solía dedicar a la instrucción de Ryosi acompañado a veces por Chisama que venia a observarles, incluso cuando Ken tenia obligaciones que le hacían tener contacto con otros integrantes del doyo nunca, pero nunca mostró el mínimo interés en nadie solo le prestaba atención a Ryosi cosa que intrigaba a todos, incluso el Sensei del doyo un día se atrevió a preguntar si había una razón en concreto y la única respuesta que Ken ofreció fue que le gustaba su manera de mirar.
Cuando Kurosaki tenia once años recibió la noticia de que había sido elegido para representar al doyo, dado que era el estudiante joven más hábil, se iba a enfrentar a un joven prometedor de un país extranjero que representaría al doyo Odori de Kan E, era conocida la rivalidad sana que existía entre estos doyos ya que en el pasado se habían disputado el titulo de Doyo Nori, titulo que reconocía el doyo a nivel mundial actualmente en el Sekaikuso solo seis tienen el honor de poseer dicho titulo. El duelo se realizo en el doyo Odori por lo cual Kurosaki tuvo su primer viaje acompañado del Sensei del Doyo Nokowiri y dos representantes más de dicho doyo.
El duelo se realizo finalmente una tarde de febrero por parte del Doyo Nokowiri se presentaba Kurosaki Lao, un joven de once años pelo corto de color naranja al igual que los ojos, de complexión atlética y ataviado con un kimono blanco con el emblema de su doyo a la espalda. Por parte del Doyo Odori se presento Vincent de Serdna, un joven de doce años con media melena negra azabache que lleva sujeta con una cuerda, ojos grises, iba vestido con un kimono gris y era una de las grandes promesas de futuro del doyo.
Ambos doyos eran famosos por el uso de dos katanas y así era como ambos contendientes iban armados pero en este caso con dos shinais cada uno, el duelo concluyo con una contundente victoria de Kurosaki que no hizo más que refrendar la diferencia de nivel de ambos doyos, aunque el Doyo Odori era fuerte y respetable parecía como si el Doyo Nokowiri estuviese en otra liga.